SOLO HAZ CLICK¡¡

martes, 20 de abril de 2010

Hazlo rápido

No hablaré de nada nuevo. De hecho la extensión del comentario se remitirá al título. Rapidez, instantaneidad, facilismo?

La primera vez que oí hablar de San Expedito, pensé que se trataba de una especie de supermercado o un servicio del tipo "Sencillito", pero no. Resulta que nuestra sociedad tiene tiempo para nada, ni para sus pares y menos para su espiritualidad. Según Wiki, este santo tiene data en Chile a fines del siglo XVII, pero por qué su fama se hizo tan corrosivamente explosiva?... ah, nuestra idiosincrasia: "para qué hacerlo de la forma correcta, si se puede hacer como las reverendas".

Cuántas de nuestras leyes se habrán aprobado con su bendición, cuánta infraestructura habrá hecha por un maestro, y en su generación por una consructora, devotos a las "causas rápidas". El terremoto nos demostró lo falso que somos, que todos tenemos conciencia de adobe y que el mar no hizo más que vomitar sobre nuestra hipocresía (sí, es cierto... llamarlo t(u)sunami suena más circunstancial y técnico). Todo sobre la marcha, al carajo los estándares, dame un poco de plata y en un rato te hago tu progreso. La falta de criterio es hermana de la falta de dignidad.

La sociedad de la instantaneidad no podía tener mejor patrono, nuestro país no podía tener un santo más idóneo al que prender velas... para qué nos contaron tantas veces el cuento de la caperucita y su errada elección del camino más corto? "Pa qué hacer mandas?, un par de rezos al calendario de bolsillo de Saint Faster y fuimos" Demosle un poco de dignidad al tiempo, a la prudencia, a la mesura y en el más personal de los casos, a la esperanza.

Como debo ser eficaz, sólo tengo que retener tu atención hasta aquí, y despedirme diciendo que enmendarse a San Expedito es como rendir tributo a la impaciencia humana.

PD (sabían porqué el golpe de estado debía ser rápido y sin demoras? Porque San Expedito es protector de los militares pueh!... y de los jóvenes y estudiantes... uf, linda combinación)


por Felipe Aguilera